Saint-John Perse (2025): Obra poética, Barcelona, Galaxia Gutenberg. [894 pp., 34 €. Edición de Jordi Doce. Prólogo y traducción de Alexandra Domínguez y Juan Carlos Mestre].
La pregunta «¿de qué materia está compuesta la misteriosa lírica de Saint-John Perse?» se lanza al infinito de los siglos y es un placer no acabar de responderla nunca. El poeta creía firmemente en el sustrato universal del arte, tal y como lo describiría Tonio Kröger en el albor de su juventud y próximo al abismo: «Aquello que se dice no ha de ser jamás el hecho fundamental, sino exclusivamente el material indiferente en sí y para sí mismo, desde el cual la pintura estética se mezcla graciosamente y sin esfuerzo» (Mann, 1965, p. 34). La lúcida mirada de Perse conjuga este compositivo «material indiferente» (Mann, 1965, p. 34) —que el alter ego de Thomas Mann adscribe a todo verdadero artista— con la imaginación cosmológica de su querido amigo y pintor Odilon Redon: «Examinando la superficie entera del mundo, para conocer el / sentido de este inmenso desorden —interrogando / El lecho, las aguas del cielo y el sedimento del río de sombra sobre la tierra— puede que hasta irritándose al no obtener respuesta…» (p. 451). En su poesía en prosa, recogida en la nueva edición bilingüe de Galaxia Gutenberg —traducida magistralmente al castellano por Alexandra Domínguez y Juan Carlos Mestre— se cruzan los mitos, la naturaleza desnuda y la memoria de la infancia de forma singular: todo es objeto de una visión nítida.
Nacido como Alexis Léger en el archipiélago de Guadalupe en 1887, el «destierro» a Francia a los doce años marcó para siempre al diplomático y poeta. Su infancia antillana transcurrió felizmente, a modo de mise en abyme: su primer poemario, Estampas para Crusoe (1909) —publicado en la famosa revista fundada por André Gide, La Nouvelle Revue Française— remite a la isla del gran aventurero, que inventó en paralelo a la real. Aquellas interminables y cálidas horas de luz y mar salvaje sellaron para siempre el paraíso perdido de la niñez:
¡Oh Desposeído!
Llorabas al pensar en los rompeolas bajo la luna; en los silbos
de las riberas más lejanas; en las extrañas músicas que nacen y
se atenúan bajo el ala envolvente de la noche,
como las secuencias espirales que son las ondas de una
caracola, en la amplificación de los clamores bajo la mar.
(Perse, 2025, p. 63).
Esta forma que tiene el yo lírico de dar vida al mundo, a todo lo que observa, parte de aquella visión criolla de la que el poeta jamás se desprendió. La identidad lírica de Perse se forjó a través de la sinuosa profusión de una naturaleza desnuda y dúctil, color y emoción. Series fenoménicas de olas, nubes, aguas, frutos, hombres y minerales recorren toda su poesía, animada por un sentido casi místico de la palabra: «¡Crusoe! Esta noche en las inmediaciones de tu Isla, el cielo cada vez más cerca elogiará a la mar y el silencio multiplicará la exclamación de los astros solitarios» (Perse, 2025, p. 67). Un germen profundamente vital y proliferador atraviesa la lírica de Perse: sus plásticas imágenes evocan el espíritu que las animó en su origen, al ser creadas. Escúchese la siguiente línea melódica: «Y otros suaves animales, atentos al anochecer, cantan un canto más puro que el presagio de las lluvias: es la deglución de dos perlas lo que hace henchir su gaznate amarillo…» (Perse, 2025, p. 69). El yo lírico mantiene un lazo sagrado con la naturaleza, merced a la cual los hombres intuyen y vislumbran breves destellos del misterio de la creación: «¡Crusoe!, ¡estás ahí! Y tu rostro se ofrece a los vislumbres de la noche, como la palma invertida de una mano» (Perse, 2025, p. 69). Pese al hermetismo con que suele describirse su obra, su poesía es, por el contrario, el summum de una constante búsqueda de conocimiento e indagación moral. El misterio último y originario, la cosa en sí, permanece eternamente irresoluto. El poeta lo expresó con las siguientes palabras en su discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura, en 1960:
De esa noche primigenia por la que andan a tientas dos ciegos de nacimiento, uno equipado con el instrumental científico, asistido solamente por la iluminación intuitiva el otro, ¿quién es el que regresa antes y más cargado de efímera fosforescencia? Poco importa la respuesta. El misterio es compartido. (Perse, 2025, p. 880).
Recuperar la sustancia, extraviada en las postrimerías de la civilización industrial, tal es la tarea de la poesía, órgano inmortal. Retórnese, en este sentido, al principio estético de Tonio Kröger: en la vida y en el arte toda explicitud es vana. En el poema «Vientos (III)», el yo lírico deja constancia de esta visión al retratar a los matemáticos como seres «en busca de una salida al final de sus galerías de espejos» (Perse, 2025, p. 447), y concluye: «es del hombre de lo que se trata, y de su renovación» (Perse, 2025, p. 449). Perse comparte con Odilon Redon (1922) la indagación subjetiva e interior del hombre a través de una apasionada y minuciosa observación de la naturaleza, situando «la lógica de lo visible al servicio de lo invisible» (p. 30). Ambos proyectan un trazo conscientemente discontinuo, elaborado a base de tonalidades y notas debussianas —como corresponde a quien ha tomado conciencia del carácter complejo e inasible de la existencia—, y persiguen con ello la misión última del poeta, de la que, para nuestra suerte, el propio Perse (2025) dejó constancia:
Al poeta indiviso le corresponde dar testimonio entre nosotros de la doble vocación humana. Y eso es alzar ante el espíritu un espejo más sensible a sus perspectivas espirituales. Eso es evocar en el propio siglo una condición humana más digna del hombre primigenio (…) Frente a la energía nuclear, ¿la lámpara de arcilla será suficiente al respecto? —Sí, si de la arcilla se acuerda el hombre. (Perse, 2025, p. 883).
Detrás del homme d’action, el diplomático Alex Léger, existe el alma bella Saint-John Perse; leer su poesía es entregarse a una honestidad estética singular, cuya prodigiosa vitalidad lírica testimonia las vicisitudes, los encantos y las paradojas de un siglo delirante, ese «valle del caos» o Durcheinandertal con que el escritor y dramaturgo suizo Friedrich Dürrenmatt (1989) lo describió en su novela homónima.
Bibliografía
Dürrenmatt, F. (1989): Durcheinandertal, Zúrich, Diogenes.
Mann, T. (1965): Tonio Kröger, Berlín, S. Fischer Verlag. [Mann, T. (2018): Tonio Kröger, Madrid, De Conatus. Traducción de Isabel García Adánez].
Perse, S. J. (2025): Obra poética (1904-1974), Barcelona, Galaxia Gutenberg.
Redon, O. (1922): À soi-même. Journal (1867-1915). Notes sur la vie, l’art et les artistes, París, H. Floury.





