Supremo artífice de la epopeya de las pasiones

Supremo artífice de la epopeya de las pasiones

 

Torquato Tasso (2024): Jerusalén liberada, Barcelona, Acantilado. [784 pp., 49 €. Edición, notas y traducción de José María Micó].

 

 

La Jerusalén liberada ocupa un lugar singular —y durante mucho tiempo incómodo— en la historia de la épica europea. Escrita en el último tercio del siglo XVI, cuando el modelo clásico ya no podía sostenerse sin fisuras y el impulso narrativo del Orlando furioso había llevado la imaginación caballeresca hasta un punto de expansión casi ilimitada, la obra de Torquato Tasso nace de una tensión constitutiva: la de querer conciliar el placer del relato con la exigencia moral, la libertad poética con la norma, el fulgor de la fantasía con la disciplina ideológica de la Contrarreforma. Esa tensión no es un defecto del poema, sino su principio generador. Y quizá por eso la Jerusalén liberada sigue interpelando al lector moderno con una intensidad que no siempre se reconoce a primera vista.

Esta edición de una obra casi secreta hoy en día para el lector culto italiano, en traducción y anotación de José María Micó, devuelve el poema al centro de esa tensión sin resolverla, que es exactamente lo que debe hacer una buena edición. No se trata de «actualizar» a Tasso ni de domesticarlo, sino de permitir que su complejidad vuelva a manifestarse con claridad en nuestra lengua. La tarea no es menor: la Liberata es un poema de arquitectura rigurosa y, al mismo tiempo, profundamente atravesado por fuerzas centrífugas —el amor, el deseo, la melancolía, la duda— que amenazan constantemente con desbordar el marco épico. Pero si había un paladín en nuestro panorama literario capaz de emprender tamaña empresa, ese es José María Micó, que ya nos ha deleitado y asombrado con sus ediciones de Dante y Ariosto en la misma editorial.

Desde el punto de vista histórico, la obra se sitúa en un momento decisivo. Tasso escribe bajo la sombra de Aristóteles y bajo la influencia, tan fecunda como problemática, de Ariosto, padre del Orlando furioso, en puridad sucesor del Orlando innamorato, de Mateo Boiardo. Frente a la ironía festiva y expansiva del Furioso, la Jerusalén liberada busca una épica más concentrada y severa, orientada hacia un fin histórico preciso: la Primera Cruzada y la conquista cristiana de Jerusalén. Pero esa voluntad de unidad y de finalidad se ve continuamente desbordada por la riqueza psicológica y simbólica de los episodios. Armida, Rinaldo, Tancredo o Clorinda no son simples engranajes narrativos, sino verdaderos núcleos de intensidad afectiva, figuras en las que la épica se convierte en drama interior.

La historia textual del poema es bien conocida y Micó la expone con la sobriedad de quien sabe que no conviene dramatizar lo que ya es de por sí dramático. Las revisiones obsesivas de Tasso, la publicación no autorizada y la posterior Jerusalén conquistada —más ortodoxa, más rígida, y también menos viva— forman parte del conflicto entre poesía y control que marca la procelosa biografía del autor. Elegir traducir la Liberata en su forma canónica, sin contaminarla con lecturas moralizantes posteriores, es ya una toma de posición crítica que conviene subrayar.

Uno de los grandes aciertos de esta edición es la manera en que muestra la estructura profunda del poema. La Jerusalén liberada no solo avanza por la acumulación de episodios, sino por una alternancia muy precisa entre la historia principal —el asedio y la conquista— y los desvíos narrativos que, lejos de ser digresiones ornamentales, constituyen el verdadero corazón del poema. La épica de la acción se ve constantemente interrumpida por una épica de las pasiones: el amor que paraliza, el deseo que desvía, la duda que debilita la voluntad heroica. En este sentido, Tasso es quizá uno de los grandes poetas de la ambivalencia moderna.

Desde la proposición inicial —«Canto las armas pías y el caudillo / que el gran Sepulcro liberó de Cristo» (I, 1)—, el poema anuncia la fusión de la épica clásica y la devoción cristiana. Esta doble raíz es uno de los grandes logros de Tasso: la obra adopta los procedimientos de Virgilio, pero los reorienta hacia un horizonte escatológico, donde las acciones humanas operan bajo vigilancia celestial e infernal. El sabio y documentado prólogo de Micó contextualiza con claridad esta tensión entre «unidad» aristotélica y «variedad» caballeresca, y recuerda que Tasso se mueve entre Ariosto y Aristóteles, buscando una síntesis que resolviera el problema del género.

 

«El placer de seguir leyendo este artículo está reservado para quienes han decidido contribuir a la supervivencia de Hedónica a través de su suscripción»

BOLETÍN


Importante:
Si no recibe el correo de confirmación tras suscribirse, por favor revise su carpeta de spam o correo no deseado. Si lo encuentra allí, márquelo como «No es spam» para asegurarse de recibir nuestras comunicaciones futuras.

DESTACADOS